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martes, 22 de abril de 2008

Tres rayos...

En lo profundo la luz del sol no existe, solo el frío e insípido destello de las lámparas.

Nadie recuerda que ese es un escenario artificial, una creación más, una herida más. Gente dentro de sus susurros, gente viva y gente muerta camina y llega al punto de espera.

El surco inmenso entre las dos plataformas, piedras, fierros, ratas…

Pero en un punto en el que nadie voltearía a ver, y que aun si lo hiciera no distinguiría ese espejismo, esa visión de lo imposible, que realmente es más posible de lo que nadie imagina. 3 rayas, pasa la vista sin percatarse, de nuevo, 3 rayas y vuelve a pasar de largo. Que diablos!… Un vistazo más de cerca revela su color resplandeciente, que clase de luz incandescente puede iluminar dentro de este abismo, más de lo que lo harían las lámparas?, es acaso posible semejante aberración?.

Tres rayos de luz bañaban los rieles y las piedras. Como enviados divinos del mundo superior. Tres rayos que no deberían, que no tenían porque estar ahí, a menos que en el mundo de afuera, algo hubiera pasado, algo lo suficientemente fuera de lo normal como para lograr semejante milagro.

También es pues… parte de la noche oscura. Nos acostumbramos tanto a esa oscuridad que la volvemos parte de algo normal, pierde sus matices, se vuelve gris, y llegamos a considerarlo nuestro por derecho divino. Pero pase lo que pase, siempre hay algo mas allá afuera, siempre hay sucesos que traen a nuestras vidas oportunidades de abrir los ojos, de respirar de nuevo, de salir de la criostasis. Todo tiene consecuencias, todo es un conjunto de decisiones, lo importante es saber hacer esas decisiones y saber aprovechar las que vienen de afuera. Saber ver la luz.